miércoles, julio 27, 2005

Adoradores del Gato

CODIGO (AMERICATV)
Me pareció ver un lindo gatito... ¡y me lo comí!

Rolando Graña visitó a una particular familia que vive en las afueras de Buenos Aires. ¿El motivo de la visita? Sus hábitos alimenticios: gorriones, ratas y gatos.

Guadalupe Diego. De la Redacción de Clarín.com. gdiegotv@claringlobal.com.ar


Ayahuasca sí, gatos no. Y está bien, cualquiera tiene sus preferencias gastronómicas y no entendemos por qué no debería tenerlas Rolando Graña. Cuando le tocó cubrir aquellas ceremonias indígenas, el propio periodista bebió ayahuasca y después cayó bajo (cayó bajo, sí) los efectos alucinógenos de aquel brebaje. Esta vez le tocó visitar a Bonanza, el protagonista de aquel documental de Ulises Rosell que, entre otras de las muchas particularidades que tiene, come gatos. Y aquí recomendamos dejar de lado todas las suspicacias y las gracias nivel uno que sus cabecitas locas estarán elucubrando, porque estamos hablando de gatos de verdad (felinos-felinos) y por comer estamos significando propiamente ingerir. Así que evitemos cualquier grosería.
Bonanza y su familia viven en las afueras de la ciudad. Comen casi cualquier bicho que pescan en el río y también más. Porque su dieta se completa con lo que para “el común de la gente” serían -por lo menos- “rarezas”: gorriones, loros, lagartijas, víboras (Marley, estás siendo súper opacado; sabelo) y lo ya apuntado: gatos (perros no; el perro no se toca, eso quedó bien clarito).
Fueron instructivas las declaraciones de Bonanza que, sumadas a nuestra descomunal memoria, facilitaremos aquí a los queridos lectores. Apunten: el gorrión, con cebollita y morrones, sería la bomba; la víbora, un must para un estofado (lo que sí, es una carne más bien seca, así que hay que tomar las precauciones del caso); y las ratas, otra delicia.
Justamente, cuando Bonanza comentó que las ratas eran sumamente ricas, Graña se impresionó y fue elocuente:¡Jate de joder!, ¿ratas? ¡La rata es sucia! Je-je, dijo su entrevistado, que enseguida retrucó: ¿sí? ¿más que el chancho?
El informe fue de lo más completo y tuvimos cobertura desde el grado cero: desde que llegaba el gato (vivo y en una bolsa, cazado por unos niños; pericia que fue premiada con 20 pesos) hasta que fue comido. Antes, claro, vimos la parrillita, su corte al medio estilo mariposa y un humito que, de a ratos, hasta nos fue tentador y todo.
La crónica no terminó sin antes regalarnos otra perlita más para nuestro desnutrido conocimiento: la lagartija. Bonanza nos contó qué se come y cómo es la técnica para el manduque: agarrás al largato por la cola y le entrás a dar vueltas y vueltas (hizo así, tipo hélice de helicóptero); le das y le das hasta que te quedás con la cola en la mano (es lo que se come). Por el bicho no habría que pasar mayor pena: son de los que le quitás algo y luego lo vuelven a tener así como si nada. Le arrebatás la cola y después le crece otra.
Descontando la existencia del aquel documental, también los estudios que hicieron importantes antropólogos sobre el tema y también las noticias que aparecieron hace no tanto sobre extraños hábitos de consumo de algunos compatriotas, el programa fue, para nosotros, de lo más revelador.

1 Comments:

At 6:50 a. m., Blogger chongox said...

A fuerza de costumbre, comerse un animal como la vaca, o el chancho es lo mas natural del mundo.
Sin embargo la idea de comerse a el toga aparece como barbarica..
que lo es, pero no en mayor o menor grado que comerse el chancho

 

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